Preocuparse por el hombre significa que queremos conocer las líneas finitas dentro de las cuales se prolonga su existencia. La vida no es vida sino muerte. La muerte no es muerte sino vida. Si esto es así, ¿dónde está el problema? Simplemente en el olvido postmoderno de esta cuestión. La noche de la ciencia cubre el corazón del hombre. Hemos perdido el acento y la sal que cuidan nuestra vida interior. Hemos perdido el inquieto interés que ama la belleza interior que llevamos dentro. Fruto de esta postmodernidad es el cansancio existencial que se ha instalado en los hombres de hoy. El dolor profundo es la máscara que hemos roto porque allí no se oculta nuestra alma.